• Wide screen resolution
  • Wide screen resolution
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
  • default style
  • green style
  • red style
Sábado 02 Ago 2014
You are here: Home Artículos National Geographic El Paseo del Jaguar
El Paseo del Jaguar PDF Imprimir E-mail
Escrito por Mel White   
Martes, 31 de Marzo de 2009 18:00

El Paseo del Jaguar

Escrito por: Mel White el 01 de Abril de 2009

Si estos conservacionistas visionarios logran su cometido, el felino errante seguirá viviendo.


Poderosos en el agua, los jaguares viajan con frecuencia a lo largo de ríos, cazando pecaríes y venados, y dejando pocas huellas de su paso. Eso puede hacer que rastrearlos sea un reto para Rabinowitz y su equipo, quienes trabajan como detectives en busca de evidencias sólidas sobre dónde estuvieron los jaguares y entrevistando a quien pudiera haber visto alguno.
Foto de Steve Winter

Una noche, al oscurecer, en lo profundo de un bosque de Costa Rica, un joven jaguar macho se levanta después de dormir, se despereza y, en silencio pero con determinación, abandona para siempre el lugar donde nació.

 

Aquí cuenta con refugio, y gran cantidad de venados, pecaríes y agutíes para comer. Además, ha percibido la presencia de hembras, con las que se podría aparear. Pero también hay un jaguar macho maduro que reclama para sí ese bosque y a las hembras. El felino más viejo no tolerará rivales. El olor de la madre del joven en el aire, que de cachorro lo reconfortara tanto, ya no lo ata más a su hogar. De modo que se marcha.

Pero este vagabundo ha elegido la dirección equivocada. A unos cuantos kilómetros llega al final del bosque; más allá se encuentra una plantación de café. Movido por el instinto y la necesidad, sigue adelante, siempre entre los árboles a lo largo de las cercas y de los ríos. Pero pronto su único refugio son unos cuantos matorrales y árboles dispersos, donde no halla nada para comer. Se encuentra ahora en una zona de ranchos ganaderos, y una noche el hambre y el aroma de un ternero recién nacido superan su reticencia a cruzar espacios abiertos. Aproximándose a rastras antes de abalanzarse, mata instantáneamente al ternero con un chasquido de sus poderosas mandíbulas.

Al día siguiente, el ranchero encuentra los restos y las huellas delatoras de un jaguar. Congrega a algunos de sus vecinos y junta varios perros en una jauría. Los cazadores encuentran al macho joven, pero solamente están armados con escopetas; presos de la ansiedad, disparan desde una distancia demasiado lejana. El cráneo extremadamente grueso del jaguar lo protege de la muerte, pero los perdigones lo dejan tuerto y le destrozan la pata delantera izquierda.

Lisiado e incapaz de encontrar sus presas habituales en esa extensión de arbustos, el hambre lo lleva a buscar alimentos más fáciles. Mata a otro becerro en un rancho adyacente, y luego a un perro en los límites de un poblado próximo. Esta vez, no obstante, se ha demorado demasiado. Atraídos por los aullidos del perro, un grupo de aldeanos lo acorralan hasta un árbol y, aunque es necesario dispararle varias veces, al final lo matan. Los jaguares, dicen, no son más que asesinos de ganado, asesinos de perros. Son plaga.

Esta triste historia se ha repetido miles de veces a lo largo del territorio donde el jaguar tiene su hogar, y que se extiende desde México (antes desde Estados Unidos) hasta Argentina. En décadas recientes, esto ha ocurrido cada vez con mayor frecuencia en la medida en que los ranchos, las granjas y el desarrollo se han comido la mitad del hábitat principal de este gran felino, y conforme los seres humanos han diezmado sus presas en muchas zonas de los bosques restantes.

Alan Rabinowitz contempla un final distinto. Él imagina que cuando el joven jaguar abandone su lugar de nacimiento, pasará, inadvertido por los seres humanos, a través de un corredor casi continuo de vegetación protectora. En unos cuantos días dará con una pequeña extensión de bosque que alberga presas para él, las suficientes como para detenerse y permanecer ahí uno o dos días antes de proseguir la marcha. Eventualmente llegará a un parque nacional o a una reserva de vida silvestre, donde encontrará un hogar, espacio para merodear, presas en abundancia y hembras en busca de un compañero.

Rabinowitz es el principal experto en jaguares del mundo, y ha comenzado a hacer realidad su sueño de crear una vasta red de corredores y refugios interconectados que se extienda desde la frontera entre Estados Unidos y México hasta Sudamérica. A esta red se le conoce como Paseo del Jaguar, el término en español. Rabinowitz cree que en una red de este tipo radica la mayor esperanza para evitar que el gran felino del Nuevo Mundo se una a los leones y a los tigres en la lista de especies en peligro de extinción.

Rabinowitz comenzó su labor en la Wildlife Conservation Society, y actualmente dirige la Panthera Foundation, un grupo conservacionista que se dedica a proteger a las 36 especies de felinos salvajes que existen en el mundo. El trabajo actual de la fundación representa un cambio radical en apenas una década en la filosofía conservacionista que Rabinowitz defendía. En los noventa, Rabinowitz y otros especialistas identificaron docenas de lo que ellos llamaron unidades de conservación de jaguares (JCU, por sus siglas en inglés): amplias zonas con acaso 50 jaguares, donde la población local o bien se encuentra estable o está en aumento. En el corazón de la mayoría de los JCU hay parques ya establecidos o algún otro tipo de áreas protegidas, los cuales Rabinowitz esperaba expandir y proteger mediante zonas de contención que los rodearan. “Yo sentía que a lo mejor que podíamos aspirar era a encerrar a esas grandes poblaciones en zonas fragmentadas ya existentes”, dijo Rabinowitz.

Pero a los pocos años, la nueva ciencia de identificación por ADN –que estudia materiales genéticos para determinar la familia y las relaciones entre las especies– reveló un hecho asombroso: el jaguar es el único carnívoro de gran tamaño y de territorios extensos en el mundo que no tiene subespecies. Esto significa que durante milenios los jaguares han ido mezclando sus genes a lo largo de todos sus territorios, de manera que los individuos de México son idénticos a los del sur de Brasil. Para que esto sea así, algunos de los felinos deben moverse regular y ampliamente entre distintas poblaciones.

Rabinowitz y sus colegas revisaron la información que habían reunido para ver si aún era posible interconectar las reservaciones con hábitats adecuados que contaran con sustento suficiente para un jaguar viajero. “Quién se hubiera imaginado –dijo Rabinowitz– que mientras que los hábitats para jaguares, donde los felinos pueden vivir y reproducirse, han decrecido 50 % desde la primera década del siglo XX, los hábitats que los jaguares pueden utilizar para viajar a través de ellos han disminuido en sólo 16 por ciento. La mayoría de estos se encuentran intactos y tienen contigüidad. Son como pequeños oasis, ‘retazos muy pequeños de bosque a los que los jaguares acudirán para usarlos por un rato y luego marcharse’. Estábamos eliminando de la lista esos sitios porque no son hábitats donde pudiera vivir una población permanente de jaguares. Ahora están resultando cruciales”.

Rabinowitz espera convencer a los gobiernos de los países por los que atraviesa la zona territorial del jaguar de que mantengan esta red de hábitats a través de una planeación racional del uso del suelo, como por ejemplo elegir zonas no críticas para los desarrollos más importantes y para la construcción de caminos. Los estudios han mostrado que incluso zonas de menos de 3.8 kilómetros cuadrados pueden servir como refugios temporales de uno o dos días para los jaguares errantes.

Si bien hasta ahora el hábitat que constituye la red propuesta continúa intacto en su mayoría, muy pronto se necesitará protegerlo, especialmente en determinadas áreas de Centroamérica y Colombia, donde algunos de los senderos por los que viaja el jaguar han alcanzado ya condiciones críticas. Por medio del estudio de fotografías satelitales, de mediciones desde aeroplanos y recorridos a pie por secciones del corredor propuesto para dar seguimiento a los reportes de los lugareños, Rabinowitz y su equipo son capaces de identificar aquellos segmentos con mayores necesidades de protección. Entonces, asegura, podrá acudir, con datos científicos sólidos, a quienes toman las decisiones en cada gobierno. “Nuestro primer reto es revisar los corredores donde la red tiene un solo filamento. Tenemos que cerrar esas zonas”.

El Paseo del Jaguar se cuenta entre los programas de conservación más ambiciosos del mundo, y llevarlo a la práctica tomará varios años. Rabinowitz se está concentrando primero en México y Centroamérica, donde las autoridades de los ocho países han aprobado el proyecto. Costa Rica ha incorporado ya la protección del corredor a las leyes que regulan el desarrollo.

Luego abordará Sudamérica, donde los paisajes y las situaciones políticas son más diversos y representan un reto mayor. No obstante, Rabinowitz se siente motivado por la respuesta emocional de su audiencia. Los pueblos indígenas en todo el altiplano central mexicano, así como los mayas, incorporaron el jaguar a su arte y a su mitología. Hoy, incluso los secretarios de gobierno, con sus celulares y oficinas urbanas, sienten lo que Rabinowitz llama “un poderoso vínculo con sus ancestros. Nadie puede decir que el jaguar no forma parte de su propia herencia –dijo–. ¿Qué mejor símbolo unificador puede haber que el jaguar?”.

 

Tomado de Revista National Geographic

http://ngenespanol.com/2009/04/01/el-paseo-del-jaguar-articulos/

Actualizado ( Lunes, 08 de Junio de 2009 18:45 )
 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Bookmark and Share